Domingo 24 de Febrero de 2008, 20:00 hs en el Aeropuerto de Guarulhos (Sao Paulo, Brasil).
Pisando por primera vez este recinto, me encontré con un regalito en el paquete de vuelo que tristemente no me sorprendió, porque me lo esperaba, solo que tenia la mínima esperanza de que agentes de viajes no podrían ser capaces de vender semejante atrocidad de pasaje.
El delito a la inteligencia fue el siguiente: el pasaje que compre iba de Málaga a Madrid, y luego de 5 horas de espera zarparía hacia Sao Paulo. Desde allí partiría a Buenos Aires apenas una hora después de pisar suelo brasileño, pero el detalle escapado es que 15 minutos antes cierra el embarque, por lo cual mi tiempo se redujo a 45 minutos para recorrer terreno desconocido.
Durante esos 45 siglos de mi vida aprendí algunas cosas, como por ejemplo que los brasileños son peores que los catalanes, no te hablan en español ni aunque les pagues, porque se supone que debería entenderlos por más rápido que hablen. Sin olvidar que se creen genios de lámpara, donde te respondieron una pregunta olvidate de volver a dirigirles la palabra siquiera para sacarte tus pequeñas dudas.
A paso acelerado, cargado con una notebook a la espalda y arrastrando 6 kilos de bolso de mano, además de abrir un nuevo río de sudor en Brasil, fui siguiendo los dedos negros que me indicaban caminos equivocados hasta (sin exagerar ni un pelo) terminar en la otra punta del aeropuerto a media hora del despegue. Pero gracias al destino que mando luz de otro país, pude seguir televisores hasta encontrarme con verdaderos compañeros de planeta (brasileros claro, no todos son malos) que me indicaron que prácticamente debería tomarme otro avión para llegar a mi puerta de embarque. Como eso era claramente imposible, saque velocidad de donde nunca la tuve, subí escaleras y hasta me cruce con chicas lindas que me distrajeron y llegué.
¿Con qué me encontré? El vuelo se había retrasado una hora. Despues otra. Y despues, otra más.
¿Con quién me encontré? Con una hermosa brasileña.
¿Que me dijo? Con su horrible acento portugués (antes me encantaba pero viste, cosas de la experiencia) "La empresa por la que usted llegó a Sao Paulo no nos entregó su equipaje. A no ser que el gerente de ellos asuma mediante una firma que lo perdieron, si el equipaje no sube a nuestro avión, usted tampoco".
Claro, era tan linda, que parece que no pudo darse cuenta que el otro avión acababa de llegar hacía 30 minutos y que los equipajes todavía estaban siendo descargados.
Si, viajé, aunque tarde, llegué. Pero no, esta historia de mentes increibles todavía no termino.
q haces nico jajajaja tenes mucha mala suerte pelado jajaja
ResponderEliminardps espero leer q mas te paso...
un abrazo