Peligro de contagio.
No se si va a ser la coincidencia, la racha negativa o algún tipo de onda magnética proveniente de mi estado de animo, pero Varig se convirtió en la compañía aérea mas odiada por mi a esa altura del partido. Si a las demoras de los vuelos y los sufrimientos inútiles le sumamos aviones apretadísimos y el colmo de males, ni una chica linda, digamos que es como firmarme un pedido de divorcio.
Todo lo vivido termino nublándome la mente, al punto que al pasar por el primer control para entrar a la zona de embarque me pidieron mi tarjeta y no podía encontrarla. La gordita muy amable (¿Por qué será que las gorditas tienden a ser más amables que las delgadas? En fin...) del mostrador donde se despacha el equipaje, que previamente me informo que el vuelo había sido retrasado hasta las 14:00, se ofreció a manotear mis papeles hasta encontrarla. Claro, el muy listo de yo todavía guardaba los pasajes del vuelo anterior, es una manía estúpida que no puedo quitarme. Pude pasar, pero la primera mente increíble de esta etapa fue la mía. Son cosas que pasan, ¿no?
Compañerismo humano
El cerebro humano tiene una capacidad de la cual todavía no se conoce límite, dicen. Mientras hacía la cola del control policial donde te piden el pasaporte, noté que justo detrás mío estaba nada más ni nada menos que el cantante de Babasonicos (cuyo nombre desconozco y no deseo gastar segundos en ir a Google) y me di cuenta que cruzarse con un famoso es lo mas común del mundo, no me produce absolutamente nada mas que una curiosidad que se apaga en un segundo y es más, nunca me acorde de contárselo a casi nadie. Sin embargo, su andar de estrella de Hollywood, de "uh espero que no me pida un autógrafo" parecía querer lo contrario.
Seguí sin darme vuelta y mi mente seguía en su bola, haciéndose preguntas como "¿Hasta que punto avanzo nuestra capacidad de tener una mente abierta?" Es decir, si entre 50 personas tuve que pasar por cerca de 30 para encontrar a una que me preste una lapicera para rellenar un papelito en 20 segundos, pasar por respuestas como "No, No", "No tengo" (mientras se la guardaba en el bolsillo, ojala le haya reventado), o viejas que ni escuchan lo que les estoy preguntando y dicen un no automático acompañado de una sonrisa comprometida como si lo que le pidiera fuese limosna, significa que todavía estamos muy mal.
En fin, pasó el tiempo y yo lo utilice desahogándome con mi teléfono móvil. Primero llamando a mi hermana y a mi viejo, y después encerrándome en el baño a cargarlo. ¿Que tiene de fenómeno una persona que enchufa un móvil para cargarlo? Habría que preguntárselo a las 300 personas que pasaron por el baño mirándome muy raro cada vez que entraban.
También quise pasarlo aprovechándome de mi PC portátil. Me dirigí al mostrador de Arnet para preguntar cuanto me iban a cobrar una tarjeta para conectarme una hora a Internet wi-fi. Fui todo dispuesto a aceptar que "bueno, sé que estoy en el aeropuerto, aburridísimo, estoy dispuesto a pagar que se yo, 6, 7 pesos la hora de Internet" Una morochita muy linda contesta a mi pedido de información y toda su belleza se hizo signo de dólar con sus palabras: si quería conectarme a Internet, sólo podía pagar dos horas. ¿Precio? 30 pesos las dos horas. "Ahhh, gracias".
Aquél dulce sonido de un cerebro inteligente.
Horas más tarde, volví al aeropuerto de Sao Paulo. Otra vez, con menos de una hora para subirme al siguiente avión, esta vez por TAM. La cantidad de vueltas que tuve que dar, de kilómetros que tuve que recorrer, y hasta incluso el salir del aeropuerto, pasar por un estacionamiento un poco siniestro y subir varias escaleras sólo para terminar encontrándome con lo obvio: el embarque a mi avión Sao Paulo-Madrid ya estaba cerrado. El muchacho, como siempre en su aparentemente universal portugués "Vaya a hablar con Varig para que le busquen una solución".
A esa altura ya creía que había perdido el vuelo y no sabía que iba a hacer. Pensé en ir a probarme al Club Sao Paulo pero no, mi nivel europeo no les iba a gustar. Después de 30 minutos de ¿charla? entre el muchacho del mostrador y la oficinista, éste vino con la temida pero aceptable respuesta: "Varig le va a pagar un hotel y usted se tomara el vuelo mañana a las 21 horas". Todo muy lindo salvo por el hecho de que unas diez horas antes de ese despegue debería estar volviendo al trabajo. Al dirigirme al despacho de equipajes para que se encarguen del taxi que me llevaría al hotel, llegaron las primeras palabras brasileras que me sonaron lindo: ¿"Usted quiere viajar hoy a Madrid?" No voy a negar que pasar un día en este país me hubiera gustado pero... "Si, claro, siempre que se pueda". Entonces me avisa lo que el otro inepto empleado no había captado: Varig tenía un vuelo a Madrid dentro de una hora. Aún así, por arte de magia apareció Don Encargado para avisar lo mas increíble de estas mentes: "hablé con el supervisor de TAM y me comentó que el vuelo que usted iba a tomar primero todavía no salio, todavía puede usted ir a despachar sus maletas y tomar el vuelo original".
Otra vez, metros y metros hasta volver a los mostradores de TAM, donde tuve que pasar por las preguntas de un muchacho hasta llegar a la bonita brasilera.
"No, este vuelo ya esta cerrado"
"Si, lo se, pero el encargado de Varig me dijo que hablo con el encargado de TAM y este le comunico que podía despachar los equipajes porque el vuelo estaba retrasado"
(confusa, no se porque si fui muy claro) "No se, a ver"
Al ver pasar frente al mostrador a una de sus compañeras le comunica mi situación.
"Este muchacho dice que el encargado de Varig hablo con el de TAM y le dijo que podía despachar"
"No, no, no. No puede, el vuelo esta cerrado."
"No se, dice que el vuelo todavía esta retrasado"
"No, No, No" Cada uno de los "No" aumentaba masivamente las imágenes en mi cabeza en las cuales pasaban mil formas distintas de descuartizar a esa mujer, que sin siquiera preguntarle a nadie aseguraba que lo que yo decía no era así. ¿Tan dificil era hacer una llamadita con su dedito para averiguar? Es increíble lo cerrada que se puede tener la cabeza, lo poco que puede funcionar. De un momento a otro, apareció otra voz femenina proveniente del mostrador vecino.
"Si, si, si que puede, hay tiempo hay tiempo" Cada una de las palabras que pronunciaba aumentaban masivamente las imágenes en las cuales pasaban mil formas distintas de besar a esa mujer. En ese momento, me volví a enamorar del acento portugués.
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