viernes, 18 de julio de 2008

Príncipes del infortunio: Movimientos del destino

Aviso importante: este es el ultimo capítulo que se publica en este blog. De ahora en adelante, "Príncipes del Infortunio" continuará desarrollandose en el blog "Antes del horizonte". ¡Gracias por leerme!



Estás leyendo el capítulo numero 14 de esta historia.


Anciano
- Hola, Javier. Tengo la solución.

Después de unos minutos de conversación con ese tal "Javier", el anciano soltó el teléfono sin colgarlo, miro a Leian con una sonrisa de satisfacción y no pronuncio ni una palabra mas. En un movimiento más rápido que sus reflejos le quito el arma de las manos a uno de los secuestradores y se dio un tiro en la boca.

- ¡Nooooooooooooooooooo! (se escucho en la voz del teléfono)

Joven
- Leian, vete, corre!

El otro secuestrador lo mira al joven con cara de no entender su actitud. El joven se dio cuenta pero lo ignoró por completo.

Joven
- Leian vete ya! no hay tiempo! Te necesitan!

Secuestrador
(apuntándole a Leian)
- ¡Maldito traidor, tu y el viejo lo tenían planeado, malditos traidores!

Joven
- ¿Planeado? Yo nunca estuve de acuerdo, pero sabía que el era un buen hombre, y que algún día se daría cuenta que todo esto era una locura. Y el momento llego, la leyenda es cierta, le duela a quien le duela. El lo vio, y ustedes también deberían verlo.

Secuestrador
- ¿Leyenda? Podrán engañar al mundo con esas estupideces, pero no todos somos tan crédulos maldito asesino!

Joven
- ¿Qué? ¿Asesino? ¿De que estás hablando?

Secuestrador
- ¡Ahhhhhhhhhhh!

Al parecer, Javier, el hombre del teléfono, había escuchado todo e inmediatamente, con un grito que pudiera sobrepasar los limites del audífono, le pidió al otro secuestrador que mate al joven. Este no dudo ni medio segundo en hacerle caso: le dio un disparo a la altura del corazón y no le dio otro porque tenía alguien de quien ocuparse.

Leian aprovechó el momento para escapar, pero no sabía que se encontraría con tan laberíntica huida. Pensó que era bueno porque estaría respaldado ante posibles balazos por la espalda, pero al mismo tiempo no sabía para donde tirar. Durante la excitación le dio tiempo a preguntarse donde estaba metido, lo ultimo que recordaba antes de haber despertado en el cuarto oscuro es el momento en el que salio de la biblioteca y fue secuestrado. Pero el tiempo se lo tragaba.

Unos diez minutos corriendo entre pasillos lo dejaron exhausto, tuvo que parar y en ese momento empezó a dudar de si todavía lo estaban persiguiendo. Miró para todos lados, caminó hasta la siguiente curva y por fin encontró la puerta. Por unos segundos su sentimiento fue de alivio, pero se vio parcialmente opacado por el estruendoso ruido que escuchaba detrás de ella. Afinó su oído y encontró un par de gritos, también golpes tan fuertes que parecerían la pisada de un gigante y pudo notar una especie de silbido que no supo identificar. Al escuchar pasos a sus espaldas, no tuvo otra opción que dirigirse hacia la puerta. Entre titubeos, la abrió.

Leian había vivido antes situaciones terribles, como el terremoto del instituto, y recientemente el de Japón del que había huido. Vio morir de muy chico, frente a sus ojos, a la que fue lo mas cercano a una madre en toda su vida. Incluso llego a leer el libro secreto de Newton que narraba sus catastróficos orígenes. Pero nunca, ni en sus mas terroríficas pesadillas, ni en sus más fantasiosos miedos, ni mucho menos en su enormemente desarrollada imaginación había asomado algo de tan sorprendente magnitud como lo que tenía frente a sus ojos.

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