miércoles, 26 de noviembre de 2008

Pozos ciegos en el paraíso

Dije unos días, pasaron varios pero acá estoy. Hoy voy a darles una pequeña introducción sobre un aspecto de mi, uno de los que me hunden en mi profundidad.

Ya que voy a escribir sobre mi sentimentalismo, consideré adecuado hacerles un dibujo de hasta donde llega lo que nunca se sabe cuan profundo es. No será un dibujo con lapices y papel, en realidad, el lo tendrán que trazar ustedes con su imaginación.

Siempre fui un fanático de la música, me gusta prácticamente toda porque es muy difícil que una canción no exprese lo que pasaba por el corazón de su compositor. Cuando me gusta alguna, la letra influye mucho, pero lo que la hace profunda, o me hace sentir profundo, es la melodía. Por eso me gustan, por citar extremos, Pink Floyd y Cristian Castro. La forma en que los primeros son capaces de mezclar instrumentos me hacen sentir como si las ondas sonoras que flotan fuesen pequeñas partículas de un corazón que esta pensando en lo mucho que ama a alguien. Las voces largas del segundo parecen salir de una garganta artificial y hundirse dentro de una pasión que no puede controlar, tan profundamente que de algún manera explotó hasta hacer saltar una lágrima.

La música es solo y tanto como una imagen de fondo, un escenario dentro de esta historia. Les cuento lo que me provoca porque algo tan similar como contrario me pasa con la que para mi es el mejor artista dibujando paraísos, pero al mismo tiempo la principal pala cavadora de pozos ciegos dentro de ellos: la mujer.

Normalmente se dice, y es cierto, que cuando uno se siente atraído lo primero entra por los ojos. Si lo trasladamos al ejemplo de la música, lo primero que entra es la melodía, después uno escarba en la letra y enloquece. Con la mujer, ocurre todo lo contrario... y no.

Para enamorarnos de una canción no necesitamos pensar, nos damos cuenta que si la melodía nos gusta, nos apasiona, de la letra nos olvidamos. Para enamorarnos de una mujer tampoco pensamos, pero nos cuesta diferenciar entre amor y pasión. No es que sea una u otra, son las dos o conformarse con la mitad. La melodía sin letra sigue siendo música, pero la letra sin melodía es poesía incompleta.

A mis 25 años de edad me di cuenta que en las mujeres que me atrajeron, la melodía hizo la letra y les voy a contar caso por caso, aunque desordenados cronológicamente, lógicamente acomodados en intensidad.

Próximamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Infolinks In Text Ads

Cargando