lunes, 20 de junio de 2011

El precio de 100 años haciendo sombra.



Se venía oliendo desde hace 3 años, desde aquel infame torneo de 14 puntos que siguió al ultimo título conseguido. Pero era como uno de esos olores a quemado que no se encuentran y se dejan de buscar. "No es nada grave". Para más, se acercaban las fechas definitorias y el equipo parecía alejarse cada vez mas de los demonios y empezaba a vislumbrar lo que siempre tuvo enfrente: la cima. Pero fue en ese momento, en el que su cabeza amagó a volver, cuando todo comenzó a derrumbarse.

No fue el partido con All Boys, sino su segundo gol. Esa corrida de Juan Pablo Rodriguez podría simbolizarse como la tierra comenzando a inclinarse para no volver a enderezarse. Era el empate que lo afirmaba arriba. Fue la derrota que desató el quiebre. 7 días después, las fuerzas enérgicas que juegan en este mundo empezaron a patear en contra. A las manos mas seguras del fútbol argentino se les escapó el ladrón. Ese superclásico que River le hizo ganar a Boca bloqueó esas cabezas débiles que hoy nos representan: desde los 11 que entran hasta los 7 que los reemplazan, pero ninguna más la del director técnico, ese débil ser humano que se ahoga y ni siquiera tira manotazos, ese capitán de barco que se hunde con el barco y su tripulación. 

Mas allá de esa segunda fatalidad de Juan Pablo contra el ciclón, es a partir de ese mismo partido en el que no hay forma de seguir hablando de fútbol. Porque JJ fue a Bahía a no ahogarse, recibió a Colón como los indígenas en 1492, fue a Quilmes a estudiar criterio y terminó tiñendo con su apodo la ultima página de la historia del club mas grande del país. No, de fútbol no se puede hablar.

Este corazón riverplatense está destruido, no me duele admitirlo. Las cargadas no me afectan, simplemente no me interesan hoy, tal vez sí mañana. River se hace grande de sí mismo, sus títulos, sus jugadores, y sus años inventando fútbol, y no de las desgracias rivales. Hoy sufro por ver ese amor desangrado, al borde del abismo, y a mi vista solo están sus ojos, no las caras sonrientes que lo rodean. Se entiende el folcklore, el gaste, el disfrute, porque yo también disfruto cuando pierden. Lo que no se entiende es que se lo viva como la alegría mas grande en sus vidas, de la misma manera que un propio triunfo mundial. Quizás yo no lo entienda porque no soy así, porque estoy mas acostumbrado a festejar títulos propios que derrotas ajenas, porque tuve suficiente tiempo para mirarme más a mi que al otro. Pero es cierto que si me pongo del lado del que vivió 100 años a la sombra, ver caer el monumento que lo tapaba podría ser bastante gratificante. Después de todo, tu felicidad es mi único consuelo. Hubo que caer para conocer la verdadera dimensión.

En estos días en que lo ultimo que se pierde ya se perdió, solo queda esperar. Cuando la fe y la esperanza te abandonan, solo quedas vos con tu ser y sos el único capaz de reconstruir desde el silencio.

Gente de River: no nos queda otra que permanecer sentados junto a nuestro amigo en coma. Hoy ya no importa nada, jugaremos el año que viene la B Nacional pero seguiremos siendo River. La escuela de fútbol mas prestigiosa del país va a estar ahí, y su representación a nivel profesional tardará, pero volverá, y cuando ese momento llegue volveremos a ser la sombra que siempre fuimos. River no se muere, es un alma. Una forma de pensar, de hacer, de sentir y de vivir un deporte, algo que nadie mas puede fundamentar.

2 comentarios:

  1. Esa corrida de Juan Pablo Rodriguez podría simbolizarse... ( no es juan pablo carrizo?jaj)
    Esta buena la nota, es un bajon todo. Me gusta como redactas

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  2. Gracias! Cuando hablo de la corrida de Juan Pablo Rodriguez me refiero al jugador de All Boys que metio el gol despues de que Carrizo haya ido a cabecear. Abrazo y gracias por pasar.

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